5 de noviembre de 2013

Un país "patas arriba"

Durante estos años de crisis hemos oído repetidas veces que llevar la economía de un país es como llevar la economía de una casa.
Yo no estoy del todo de acuerdo, porque considero que la economía de un país se ve influenciada por una serie de magnitudes "macro" que no están presentes en una economía familiar. Pero, bueno, yo no soy experto en economía por lo que es bastante probable que no esté muy acertado con mi opinión.
Sin embargo, sí que creo que hay algunos principios de gestión que podrían servirnos para ambos ámbitos. En concreto, me estoy refiriendo a "las reformas" (también conocidas como "chapuzas"). Cuando una familia se plantea hacer reformas en su vivienda, puede planificarlas de forma pautada y progresiva, habitación por habitación, trabajo por trabajo, o puede decidir que reforma la casa entera de una vez (esto suele ser señal de que la casa es muy vieja, o que a sus habitantes no les gusta nada).
En el primer caso, que suele utilizarse para reformas más bien pequeñas (como puede ser pintar el salón, cambiar los sanitarios de un baño, cambiar los muebles de la cocina,...), se hace poco a poco, se pasan los muebles y los enseres de la estancia que se va a reformar al resto de habitaciones de la casa.
En el caso de querer acometer una reforma integral de todo el hogar (o sea sé, una "chapuza" en toda regla), el planteamiento suele muy diferente. En estos casos, dado que se tocan todas las estancias a la vez, que se pone "la casa patas arriba", es muy frecuente que los habitantes de la casa opten por abandonar la vivienda durante el tiempo que duren las reformas. Se van a casa de unos amigos, a casa de unos familiares o (si son muy afortunados) se van un tiempo a la casa de la playa.
Pues yo, hay días que tengo esta última sensación y, es que, me dan ganas de abandonar este país porque nos lo tienen "patas arriba" con tanta reforma.
Sí, es cierto, teníamos que poner orden en unas cuantas cosas, pero a lo mejor con haber pintado, recolocado los armarios y hacer "una limpieza en profundidad", hubiera sido suficiente. Y no, como somos más chulos que nadie hacemos una reforma integral, un país nuevo. Un país en el que estamos perdiendo muchas de las comodidades que tenía antes nuestra casa, pero también estamos perdiendo algunos de los derechos sociales más básicos. Vamos que estamos de polvo y de cemento hasta las orejas.
Nos han reformado el mercado laboral, nos han reformado (al alza) el IRPF y el IVA, nos lo han decorado con una amnistía fiscal, nos han reformado la manera de pagar los medicamentos (dos veces), nos han reformado (a la baja) las pensiones, nos han reformado el derecho y las prestaciones a las personas dependientes, nos están reformando la educación, la justicia, nos han puesto nuevas tasas, nos han reformado (a la baja también) las retribuciones de los empleados públicos, nos ha reformado la sanidad, nos han reducido el presupuesto destinado al Plan Concertado de Servicios Sociales,...
Y lo que me parece más grave de todo, es que no nos está ocurriendo lo típico que suele pasar en las reformas y es aquello de "ya que estamos... pues cambiamos también esto", sino que toda esta gran "chapuza" responde a un plan bien estudiado y meditado, conocido de antemano y que nuestro presidente de la escalera se empeña en recordarnos cada día, diciendo que es su "hoja de ruta".
Yo no sé vosotros, pero para la próxima reforma tal vez deberíamos pedir otros presupuestos, no?

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Entrada publicada por Juanma Gil en "Al día del Trabajo Social", en el diario digital menorcaaldia.com, el 05.11.2013

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