20 de abril de 2013

La sabiduría de la vejez

Anoche fui al teatro para disfrutar de la agradable comedia “Conversaciones con mamá”, basada en la película del argentino Santiago Carlos Oves, dirigida por Juan Echanove que comparte escenario con María Galiana.
Además de la magistral interpretación de ambos actores, me sorprendió profundamente la trascendencia del ingenioso guión y lo aplicable que puede ser a nuestra realidad nueve años después. Según palabras del propio autor, “se trata de una película que pretende enaltecer las virtudes de la ancianidad, apuntando a una sociedad que por lo general ignora que en la sencillez de su sabiduría está la profundidad de la vida misma”.
Intercalado en los entresijos del argumento, el autor nos conduce a replantearnos sobre qué fundamentos estamos sentando las bases de nuestra felicidad y de nuestro bienestar.
Queda en evidencia que muchas veces las personas vivimos una acumulación de “apariencias”, de falsas necesidades que se van apoderando de nuestra ilusiones y nuestras expectativas de futuro y que, a su vez, nos generan “nuevas apariencias”, en una espiral inagotable.
Sin embargo, visto desde la experiencia de la vejez (que como dice la actriz “por desgracia, siempre llega tarde”), la vida es mucho más simple y somos nosotros mismos los que la complicamos, cayendo en el juego de crearnos necesidades falsas que nos atrapan en las redes de una sociedad basada en el consumo. Este desaforado consumo de bienes y servicios llega incluso a ser también un consumo de personas, a las que utilizamos para intentar cubrir nuestras “necesidades”.
El personaje de la madre nos propone, como consejo  dirigido a su hijo, recuperar la esencia de la vida humana. No debemos basar nuestra felicidad en la acumulación de propiedades o en la riqueza económica. Si nos atamos a la incesante carrera del consumo, lo único que haremos será hipotecar nuestro bienestar.
Se confronta el egoísmo con la solidaridad, los compromisos sociales con el compromiso con la sociedad, las relaciones familiares huecas con las relaciones basadas en el amor. Se pone en valor, en definitiva, la importancia de la justicia social, la honestidad con nosotros mismos para reconocernos nuestras propias trampas, y la importancia esencial de vivir a las demás personas como lo que son, “como personas”. Con independencia de sus circunstancias o de sus condiciones, porque al fin y al cabo son pasajeras, porque al fin y al cabo “aunque llueva, siempre acaba escampando”.

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Entrada publicada por Juanma Gil en "Al día del Trabajo Social", diario digital menorcaaldia.com, el 20.04.2013.

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