15 de febrero de 2016

Visita a domicilio... ni a favor, ni en contra!

Al hilo de las recientes entradas publicadas por dos colegas de la BlogoTSfera, sobre las famosas Visitas a Domicilio que suelen caracterizarnos a los y las trabajadoras sociales, me aventuro a afrontar el reto de un tercer colega (Migue Sinele) de la BlogoTSfera, que nos retaba a hacer una entrada del tipo "ni lo uno, ni lo otro".

Así pues, comenzó Belén Navarro con su entrada "Contra la visita domiciliaria", en la que se ha cuestionado principalmente la importancia de que las visitas a domicilio (como todas nuestras actuaciones) estén siempre sustentadas sobre el principio de la intencionalidad (toda acción debe estar intencionalmente dirigida a transformar la realidad social, desde una perspectiva humana y liberadora). Seguidamente, cuestiona el hecho de considerar la visita a domicilio como una "técnica", cuando en realidad es más bien una "herramienta". Y, por último, cuestiona si la visita a domicilio es una de las herramientas de diferenciación profesional del Trabajo Social, sin olvidarse algunas recomendaciones sobre la necesidad de "avisar" que se va a realizar la visita o de "avisar-de-que-no-avisamos" (os recomiendo que os leáis su entrada para entender todo este embrollo).

Viene después Nacho Santás a defender la visita a domicilio "a capa y espada" en su entrada "A favor de la visita a domicilio", en la que coincide con Belén en varios de sus argumentos como: que tienen que responder a una intencionalidad ("conocer para transformar") o que "ir por ir" es idiotas, así como la importancia de avisar previamente (salvo en casos en los que puede estar en riesgo la protección de una persona). Tras hacer algunas reflexiones sobre cómo deberían ser las visitas a domicilio, acaba defendiendo que, si no es una herramienta "exclusiva" del Trabajo Social, sí que es una herramienta "genuina" de nuestra profesión.

En mi análisis, partiré de la gran importancia que doy a este debate por el propio hecho de hacernos reflexionar sobre nuestra práctica profesional cotidiana. Estos dos grandes referentes de la profesión tienen el coraje de decir en voz alta muchas cosas que todas y todos podemos pensar en algún momento, pero que no nos atrevemos a manifestar por aquello de lo considerado como "trabajosocialmente correcto". La única forma de poder avanzar y evolucionar, es hacernos estos cuestionamientos y recordarnos la esencia de una profesión como la nuestra que tanta veces vemos cómo es vapuleada y desvalorizada por corrientes de pensamiento que consideran que el Trabajo Social lo puede hacer cualquier, tan solo con "buena voluntad". Pues no, es una profesión que requiere de muchos conocimientos y habilidades para poder ejercerla de forma adecuada y beneficiosa para las personas y las comunidades con las trabajamos para conseguir mayores niveles de bienestar.

Dicho esto, a mí me parece que la visita a domicilio que hacemos desde el Trabajo Social tiene finalidades muy claras, en sí misma. Otra cosa es que seamos más o menos conscientes de ello en el momento de realizarlas. Vamos, que no deberíamos caer en las visitas "rutinarias" tal y como aparece en alguno de los comentarios a la entrada de Belén, pues entonces las automatizamos y perdemos de vista la finalidad última de las visitas. Tampoco creo que tengamos que hacer siempre visitas a domicilio, habrá casos en los que será relevante y otros en los que no tendrá ninguna importancia la situación de la vivienda. Considero que, como cualquier otra herramienta, debe ser utilizada cuando es el mejor medio de conocer o transformar alguna situación determinada. Y, por supuesto, que tenemos que ser escrupulosamente respetuosos con nuestra actitud hacia las personas en las visitas a domicilio. No podemos "invadir" ese espacio tan íntimo y que ofrece tanta seguridad personal. Mostremos tanto respeto como el que les exigimos a las personas cuando vienen a nuestro despacho.

En una especie de clasificación sobre la finalidad de la visita, me atrevo a decir que haría dos grandes grupos:

- Visita de valoración: nos permite conocer el espacio vital de la persona/familia, valorar las condiciones de habitabilidad, higiene, seguridad, amplitud del espacio, luminosidad, barreras arquitectónicas, condiciones del entorno y del barrio, etc. También nos permite observar la interacción entre las personas que conforman el grupo de convivencia en su propio espacio. Todos estos datos, nos pueden dar mucha información sobre las necesidades (tanto materiales como emocionales) que pueden tener estas personas y, muchas veces, sobre algunas dificultades para poder satisfacer esas necesidades de forma adecuada.

- Visita de intervención: tras haber valorado la situación de las personas atendidas, realizar intervenciones en el domicilio nos puede ser muy útil para introducir aquellos cambios que nos ayuden a alcanzar los objetivos propuestos y que estén relacionados con la vivienda como obstáculo para conseguirlo.

Sin embargo, esta clasificación a mí me genera ciertas dudas, porque muchas veces pienso que la visita a domicilio como tal solo lo es la primera, la de valoración, porque las del segundo tipo, creo que son intervenciones en el domicilio. Desde este punto de vista, adquiere sentido considerar la visita a domicilio como una herramienta genuina del Trabajo Social, porque otras profesiones no van al domicilio para valorar estos aspectos. Por ejemplo, en la visita médica, el doctor acude para valorar el estado de salud de la persona visitada (aunque en un momento dado, pueda hacer alguna observación sobre las condiciones de la vivienda que pueden interferir en la recuperación de la salud, pero lo más probable es que lo comunique al trabajador social para que intervenga sobre dicha situación si las personas no pueden cambiarlas por sus propios medios).

Creo que lo que es específico de nuestra profesión no es la herramienta en sí, "la visita a domicilio", sino que es todo lo que tiene que ver con el "contenido"  de lo que sería la "VISITA SOCIAL A DOMICILIO". Es decir, todo aquello relacionado con la vivienda como medio que facilita o dificulta la cobertura y satisfacción de las necesidades personales y/o grupales de los miembros que conviven en un mismo domicilio.

En este sentido, me surge una nueva diferencia entre las visitas relacionadas directamente con nuestro objeto de intervención (por ejemplo, valoración de las condiciones del domicilio y de la situación de autonomía de una persona, para determinar la conveniencia de un servicio de ayuda a domicilio), frente a aquellas otras visitas que realizamos por la imposibilidad o dificultad de la persona para desplazarse a nuestro despacho. En este último caso, estaríamos haciendo una "entrevista" en el domicilio, que a mi entender no es lo mismo que la visita a domicilio como tal. Intervenciones en el domicilio se puede realizar de muy diversa índole (entrevista informativa, acompañamiento, ayuda en el cuidado personal,...) y aquí es donde entrar otras profesiones, pero la intervención social sobre la vivienda es propia del Trabajo Social.

Para acabar esta entrada que se está alargando, dejo entrever otro debate que podría ser muy interesante, porque si os fijáis bien, han aparecido diversas formas de llamar a la casa, como son domicilio, vivienda, hogar,... ¿A qué nos referimos cuando usamos cada una de estas expresiones? ¿Tenemos claras las diferencias entre ellas? ¿O son lo mismo? ¿Por qué nuestra herramienta se llama "visita a domicilio" y no "visita al hogar"? Si alguien se anima a seguir el debate, con alguna nueva entrada al respecto (para los blogueros) o a través de los comentarios para cualquier persona que quiera aportar su visión.


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